La experiencia con esta escort resultó ser una completa decepción. El servicio en general es pésimo: el entorno estaba mal higienizado y el olor de la habitación era nauseabundo, lo que ya marcó el tono de la visita. En cuanto a su físico, se describe como una mujer mayor (60‑80 años) con un cuerpo operado, cicatrices de liposucción y una cara que parece descolorida, cubriendo la imagen con filtros de Instagram. Al no mostrar su rostro en la plataforma, se generó desconfianza desde el inicio. Su actitud fue hostil y amenazante; una vez que el cliente pidió un masaje, la escort le cambió de idea y exigió un pago adicional que no llegó a cubrir, lo que provocó que la cliente se volviera agresiva y buscara la ayuda de una guardaespaldas trans. El trato se volvió cada vez más intimidante, culminando con la insistencia de la escort en que no pudiera irse sin ver que el dinero estuviera confirmado. No se ofreció ningún tipo de servicio oral satisfactorio, y la calidad sexual fue mínima. En síntesis, la escort se caracteriza por su falta de profesionalismo, una apariencia que no coincide con las fotos promocionales y una actitud agresiva que hace que no sea recomendable para ningún cliente que busque una experiencia respetuosa y placentera.