La experiencia con la escort fue, en general, muy mala según el cliente. Su calidad de servicio quedó calificada con un 1 de 10, la peor puntuación posible. El físico se describió como “mona, con tetas operadas, delgada y estatura de 1.63 m”. A nivel de apariencia recibió una valoración de 8 por su cuerpo y 7 por su rostro, aunque se criticó su “cara de mala gente”. La actitud fue la más negativa del conjunto: se mostró grosera, exigió el pago completo de inmediato, se negó a besar o tocar la zona genital y la actitud de “desprecio” fue constante. El servicio ofrecido se limitó a medio‑hora de “orales” y “pene al borde”, con una actitud mecánica y sin atrevimiento. No se dio ningún detalle sobre la experiencia sexual positiva, solo una descripción de la falta de atención y respeto. Este patrón de mala actitud y servicio mínimo se destaca como la razón principal por la que el cliente concluye que no se debe contratar su servicio y recomienda evitarle.