En la única reseña que recibimos sobre la prepago, el cliente—un “catador” masculino—explica una experiencia totalmente negativa. La comunicación fue lenta y poco clara: la prepago respondió en el chat con demora y, a la llegada, se negó a atenderla. El cliente terminó esperando media hora en una droguería sin recibir servicio ni disculpas. No se pudo conocer su físico ni su rostro; el usuario calificó ambas categorías en 0/10 porque simplemente no la vio. Tampoco se ofrecieron actividades de tipo oral o anal, ni se intercambiaron besos. En cuanto al trato, la actitud fue grosera y poco profesional: la prepago dejó al cliente sin información concreta, sin confirmación de la cita y sin solución alguna. El valor de la experiencia y la implicación fueron 0/10, reflejando que el servicio no se cumplió y el cliente se sintió totalmente desatendido. El resumen destaca una falta de puntualidad, comunicación deficiente y ausencia de cualquier interacción real con la escort, por lo que no se recomendaría repetir el servicio.