La experiencia que cuenta el “catador” con esta escort resulta bastante desalentadora. Lo primero que resalta es el desajuste entre las fotos y la realidad: la mujer que aparece en el anuncio parece una joven gordita y bonita, pero en persona se presenta como una dama de unos 45 años, con aspecto envejecido, maquillaje intenso y una apariencia que suena más a una “señora mayor”. Su físico, aunque con una barriga “tipo embarazada” y tetas duras que, según el cliente, le gustaron, se ve muy desgastado y poco cuidado. El ambiente donde la atendieron tampoco ayuda: edificio antiguo, habitaciones compartidas con varias camas, moho y una sensación de inseguridad. No se menciona ninguna actitud amable por parte de la escort; al contrario, el cliente se enfada al ver que la mujer no se había limpiado correctamente después de su anterior servicio, lo que hace que la experiencia se vuelva poco placentera. En cuanto a servicios, la única parte “rescatable” son las tetas y la barriga, pero todo lo demás se percibe como un desastre total. En conclusión, la calidad general del servicio se evalúa muy bajo, sin recomendación y sin intención de repetirla.