En la experiencia del cliente con la prepago se destaca una calidad de servicio media. La escort, alta y delgada con una figura bien formada, carece de busto y su rostro, bonito pero algo ñerita, le da una valoración de 7 y 7,5 respectivamente. Su actitud fue muy distraída y poco profesional: estaba ocupada con asuntos personales, se quejó de una pelea y, al llegar, le pidió esperar, mostrando falta de concentración. El trato al cliente fue algo brusco: no dio besos y solo realizó el acto con condón, sin mucha interacción. El servicio se completó en apenas 15 minutos, con poca química y sin un ambiente de comodidad ni un buen ambiente. La locación (restrepo) fue confusa, con un edificio de varios pisos y varias chicas, lo que aumentó la sensación de poco profesionalismo. El cliente no sintió que valiera la pena repetir la experiencia y concluyó que la prepago no es recomendable sin un mayor compromiso profesional. El patrón recurrente aquí es una falta de foco y poca conexión, dejando a los clientes con una impresión de que la servicio fue más “polvazo” que algo memorable.